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Pierde Pemex 71 millones de pesos al día por "procesadoras" ilegales

Pierde Pemex 71 millones de pesos al día por "procesadoras" ilegales

Las pérdidas por robo de combustibles casi se triplicaron entre el primer y el segundo trimestre del año.

El huachicol continúa representando uno de los mayores desafíos para la industria petrolera mexicana. Lejos de retroceder, el fenómeno muestra señales de expansión tanto por el impacto económico que genera como por la sofisticación de las estructuras dedicadas a esta actividad.

De acuerdo con información financiera de Petróleos Mexicanos, las pérdidas ocasionadas por el robo de combustibles alcanzaron cerca de 9.100 millones de pesos durante el segundo trimestre de 2026, muy por encima de los 3.812 millones registrados entre enero y marzo. La diferencia equivale a un promedio de 71 millones de pesos por día, cifra que refleja la presión que continúa ejerciendo este delito sobre las finanzas de la empresa estatal.

En los últimos días, autoridades federales aseguraron diversos inmuebles donde encontraron tanques de almacenamiento, tuberías, reactores, autotanques y millones de litros de hidrocarburos. Los operativos pusieron de manifiesto que las organizaciones ya no se limitan a extraer producto de manera ilícita, sino que cuentan con infraestructura para manipularlo antes de incorporarlo al circuito de comercialización.

Para quienes siguen la actualidad energética desde otros países de América Latina, el término huachicol identifica el robo de gasolina, diésel y otros derivados del petróleo, principalmente mediante perforaciones clandestinas en la red de ductos de Pemex. Durante más de una década, esta práctica evolucionó desde pequeños grupos dedicados a la extracción ilegal hasta organizaciones con capacidad logística para transportar, almacenar y distribuir grandes volúmenes de combustible.

Los recientes hallazgos sugieren un paso adicional en esa evolución. Aunque varios medios mexicanos describieron los inmuebles asegurados como «refinerías clandestinas», el Gobierno aclaró que esa definición no es técnicamente correcta. Según las autoridades, se trata de centros donde los hidrocarburos son acondicionados o sometidos a distintos procesos antes de ser comercializados de forma ilícita.

La diferencia resulta relevante para comprender el alcance del fenómeno. Una refinería convencional procesa petróleo crudo mediante unidades industriales altamente complejas para obtener combustibles terminados. Las instalaciones descubiertas, en cambio, no producen gasolina o diésel desde cero, sino que manipulan productos previamente obtenidos, realizan mezclas, separan componentes o modifican sus características para facilitar su venta.

Especialistas consideran que este cambio evidencia un mayor grado de profesionalización de las redes dedicadas al huachicol. En lugar de concentrarse únicamente en la extracción, ahora incorporan etapas que antes correspondía exclusivamente a operadores legales de la cadena de abastecimiento, lo que incrementa el valor agregado del negocio ilícito y dificulta su detección.

El impacto trasciende las pérdidas que enfrenta Pemex. La presencia de combustible de origen ilegal distorsiona el funcionamiento del mercado, genera competencia desleal para distribuidores y estaciones de servicio formalmente establecidas, además de representar un riesgo para la calidad del producto que llega a los consumidores al no existir controles sobre su composición ni sobre las condiciones en las que fue manipulado.

A ello se suma el costo que implica reforzar la vigilancia de miles de kilómetros de ductos, terminales y centros logísticos, en un contexto donde las autoridades continúan detectando tomas clandestinas en distintos estados del país pese al incremento de los operativos.